jueves 11 de noviembre de 2010

La Iglesia


“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” 1Corintios 12.27
No es nuevo, ni sorprendente, oír a muchas personas decir: “Yo soy cristiano. Creo en Jesús, pero la Iglesia… no, gracias.” Gran cantidad de gente vive engañada, confiando en sus propios pensamientos, no en la clara enseñanza de la palabra de Dios.
Primero, la Iglesia es el cuerpo de Cristo. No en el sentido “corporativo” (aunque no lo excluye) de un Cuerpo de Bomberos, sino en el sentido “corporal” de un organismo vivo. No hay opción, un verdadero cristiano será parte del cuerpo visible, o, si no lo es, no será cristiano. Dios planeó la Iglesia antes de la creación del mundo, ¿quién puede imaginar que sea sin importancia?
Por medio de la Iglesia de Cristo, Dios realiza su propósito, su voluntad y su deseo. La Iglesia de Cristo no es una invención humana, es el misterio de Cristo (Efesios 3.3-11). No es una asociación voluntaria, o un club social; no es una secta, ni una comunidad; es el cuerpo de Cristo, la casa de Dios, su familia y su templo: es ¡el Reino!
La Iglesia que Dios planeó, edificó y ama es aquella fundada en la roca. La piedra fundamental que sostiene el edificio y le da su estabilidad es Jesucristo, y solamente él es digno de ser exaltado, la verdadera Iglesia no lleva otro nombre que el de Cristo (Romanos 16.16). Sus miembros han muerto con Cristo, han sido sepultados con él por el bautismo, y han resucitado con Cristo para andar en novedad de vida y estar con él en las regiones celestiales (Romanos 6.1-10; Colosenses 3.1-4), por eso su “sede central” está allí donde está su cabeza, en el cielo.
Amigo, escucha la voz del buen Pastor llamando por ti. No andes lejos del rebaño, no busques otros pastos. Junto a Cristo estarás seguro y hallarás salvación. Si escuchas hoy su voz, crees que él es el Salvador, te arrepientes de tu maldad, confiesas a Jesús como tu Rey y Señor y eres bautizado para remisión de tus pecados, las puertas del reino se abrirán para ti, serás recibido en la Iglesia de Cristo, la familia de Dios.