“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” Isaías 9.6
Es probable que, para muchos de nosotros, las palabras de esa profecía sean tan conocidas que nos pasan inadvertidas en su profundidad y vigor. Hace tiempo un amado hermano y amigo llamó mi atención hacia aquella magistral combinación de cuatro sustantivos y cuatro adjetivos que identifican plásticamente la identidad y misión del Mesías.
Admirable Consejero; el conocimiento y la sabiduría siempre han sido valorados, a veces más, a veces menos. Un sabio y prudente consejero puede tener gran influencia… uno malo, también. Pero este niño es llamado Admirable, o Maravilloso, Consejero, poseedor de una sabiduría capaz de transformar todas las cosas, hasta el corazón de los hombres y mujeres. “Y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.” Juan 2.25
Dios fuerte; este niño, tan frágil a la vista, es Dios en carne. El creador, infinito, inmortal, se hace párvulo, pero la fragilidad de Dios derrumba todas las ficticias fortalezas humanas. “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo… por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre.” Filipenses 2.6, 7, 9
Padre eterno; en las palabras del apóstol “la locura de Dios es más sabia que los hombres”. Este niño, pequeñito, es el Padre de todos, desde la eternidad. Por su poder todo vino a la existencia, y por su palabra todo subsiste. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” Juan 1.3-4
Príncipe de paz; aunque puede, legítimamente, entenderse que este niño sería gobernante de un Reino de Paz, puede leerse también la palabra príncipe como principio, u origen. En este último caso, ese niño es el principio de la paz, una paz que resume las características de su nombre, paz admirable, paz fuerte, paz eterna… Cristo es quien nos da la paz. Cristo es nuestra paz. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14.27



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