"Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos la misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer." 1Corintios 1.10
La unidad de la Iglesia es el deseo y la voluntad del Señor. Antes de ser crucificado, él oró al Padre por la unión y unidad de sus discípulos, y de todos aquellos que por la palabra de ellos viniesen a creer. Juan 17.11, 20-21
Cuando algunos dicen, correctamente, que unidad no significa necesariamente uniformidad, muchas veces se cae en el error de pensar que basta la sinceridad para ser agradable a Dios. Pero la verdadera unidad está basada en "una fe" objetiva, "un Señor" Jesucristo, quien murió por nuestros pecados según las Escrituras, fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y "un bautismo" que nos une a Cristo en su muerte, para que con él resucitemos a una nueva vida. Efesios 4.5; 1Corintios 15.1-4; Romanos 6.3-5
Solamente Dios es el dueño de la verdad. Por eso, para llegar a la verdadera unidad es necesario que busquemos ajustarnos a la verdad revelada. Es preciso que todos aquellos que buscan servir al Señor beban directamente de la fuente de la Escrituras, escuchen la voz de Dios, y sigan al Pastor a los pastos verdes. Si fielmente nos sometemos a la voluntad de Dios será fácil que todos "hablemos la misma cosa". 1Corintios 1.10



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