sábado, 26 de marzo de 2011

Ocio y esparcimiento.


“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” Colosenses 3.17

Vivimos en una sociedad agitada. Quienes residimos en la ciudad sufrimos la tensión diaria del hacinamiento, el ruido y el tránsito caótico; hasta quien vive en el campo recibe, en mayor o menor grado, los efectos de la tensión cada vez mayor de la vida moderna.

Existe un dicho popular que dice: “no somos de piedra”, y es verdad. Si hasta las piedras se desgastan por efectos de la erosión, cuanto más nuestros cuerpos y  mentes. Es necesario tener momentos de esparcimiento, de entretenimiento y de ocio para recuperar la energía y mantener la salud física y mental.

La misma necesidad de reposo, entretenimiento y relajación que afecta a todos los seres humanos, la tenemos también los cristianos. También nosotros nos cansamos y necesitamos recuperarnos. Pero como hijos de Dios y conciudadanos de los santos (Efesios 2.19), el Señor espera que nuestro esparcimiento sea sustancialmente distinto al entretenimiento mundano.

Los placeres mundanos conducen, algunos con mayor velocidad que otros, a olvidarse de Dios y, finalmente a la muerte espiritual. Los auténticos hijos de Dios solamente se agradan en lo que agrada al Padre. Nadie puede decir que ama al Señor cuando se deleita en las mismas cosas que los incrédulos. “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gálatas 5.24-25

Puede parecernos extraño, pero las fiestas de cualquier tipo dan lugar a que la mundanalidad se exprese. Si lo analizamos bien, en el fondo de cada fiesta hay una raíz de idolatría: a una fecha, una persona, un cargo, una posición. Los verdaderos hijos de Dios no participan en fiestas y a los mundanos les resulta escandaloso (1Pedro 4.1-5). “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan.” 1Pedro 4.4

Otros “entretenimientos” que los mundanos estiman en gran manera, y que son totalmente inadecuados para los hijos de Dios, como los juegos de naipes, los bailes, las playas y piscinas (donde las personas exhiben sin ningún pudor su desnudez), el pugilismo, los juegos de pelota (especialmente el fútbol, que genera división y riñas), la TV, y otros por el estilos, son aborrecidos por Dios. “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis nada inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” 2Corintios 6.17-18

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” 1Pedro 2.9

2 comentarios:

Flo dijo...

Hola Profe..
Usted comenta en su articulo que "Los verdaderos hijos de Dios no participan en fiestas" y como argumento usted dice que " Si lo analizamos bien, en el fondo de cada fiesta hay una raíz de idolatría".
Ahora yo tengo estas preguntas: ¿Usted quiere decir con eso que ninguna clase de fiesta es buena? ¿Tampoco Pascua o Navidad (que nos sirven para meditar juntos sobre lo que Jesús hizo para nosotros)? ¿Como explica que los judios tenian tantas fiestas?
Para no hacerlo tan largo, termino aqui.. =D
Saludos, Nico E.

Andrés Omar Ayala dijo...

Hola Nico, gracias por tu comentario. Intentaré responder a tu pregunta, si me disculpas, con otra pregunta ¿dónde se manda en la Biblia a que los cristianos celebren la Pascua o la Navidad?
Las fiestas de los judíos (que en nada se parecían a las fiestas de que hablo en el artículo) eran una "sombra" que debía durar hasta llegar "lo perfecto", Cristo. Colosenses 2.8-17; Hebreos 9.23-10.18.
Nuestra Pascua ya ha sido sacrificada y debemos vivir diariamente una vida que testifique el haber sido redimidos de la esclavitud. 1Corintios 5.7-8; Hebreos 10.19-22; 1Corintios 11.23-26.
Debemos precavernos de no "enseñar mandamientos de hombres". Mateo 15.7-9; Marcos 7.5-9.
Un abrazo fraternal.