“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5.18
El diccionario define gratitud como el sentimiento por el cual nos sentimos obligados a agradecer un favor. Sea como simple gesto de buenos modales, o como un auténtico reconocimiento por el favor recibido, dar gracias es una actitud digna y reconocida, podríamos decir una virtud.
Y, creámoslo o no, la gratitud auténtica es uno de los pilares fundamentales de una espiritualidad robusta. El apóstol Pablo nos dice que es voluntad de Dios que demos gracias en todo. ¿Oímos bien? ¿En todo? Efectivamente, ¡en todo! Eso significa ver absolutamente todo en nuestras vidas como favor de Dios y dar gracias por ello.
En circunstancias alentadoras eso parece bastante fácil, aunque no siempre es así. En la prosperidad es muy común pensar que todo lo que disfrutamos es fruto de nosotros mismos. Por otro lado, cualquier ser humano normal dudaría en llamar favores de Dios a las contrariedades y dificultades. Pero justamente eso es lo que el apóstol dice, en la luz y en la sombra, en la dicha y en la tristeza, en la risa y en el llanto Dios quiere que demos gracias.
La gratitud nos lleva a reconocer que no podemos solos. Damos gracias porque hemos recibido. Dar gracias es abrirse a depender de otro, es un acto de amor. Quien se piensa autosuficiente nunca da gracias, piensa que todo lo tiene merecido y si las cosas no van como quiere, se queja y despotrica. La gratitud es humildad y cariño.
Los hijos de Dios “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8.28 Por esa razón damos gracias en todo, en todo momento, en toda circunstancia.
“Es importante aceptar la manera en que Dios ha dispuesto nuestras circunstancias, recibiéndolas de Sus manos. Esta disposición particular es la disciplina del Espíritu Santo. Rehuir lo que Dios ha dispuesto como circunstancias para nosotros aunque fuese una sola vez, equivale a perder la oportunidad de ensanchar nuestra capacidad. Un creyente nunca podrá ser el mismo una vez que ha pasado por sufrimientos.” (Watchman Nee)
“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” Salmos 103.1-2



1 comentarios:
Bien dicho!!! Muchas Gracias!!!!
Publicar un comentario en la entrada